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Especial Día de las Familias: “Historias de Madres Valientes”.


Os presentamos estas hermosas historias, cartas y poemas de mujeres y madres valientes, para celebrar el Día Internacional de las Familias.

Porque donde hay amor, hay una familia. ¡Viva la diversidad!


La canción de mamá

Aunque a veces me llamen, 

y tenga que trabajar:

te quiero igual

te quiero… ¡más!

Aunque a veces me enfade,

y empiece a gritar:

te quiero igual,

te quiero… ¡más!

Aunque a veces cansada,

me quiera ir a dormir:

te quiero igual,

te quiero… ¡más!

Aunque a veces muy triste,

me ponga a llorar:

te quiero igual

te quiero… ¡más!

Aunque a veces contenta, 

no pare de bailar:

te quiero igual

te quiero… ¡más!

Te estoy queriendo mucho,

espero que lo entiendas: 

pase lo que pase,

me da igual,

te quiero… ¡más!


Crecimiento

– ¿Cómo crece Adán?

– Cada día más y más,

como el amor de mamá


Estar contigo

Yo lo que quiero es estar contigo.

Apagar el móvil, cerrar el portátil…

Cantar mal para que te rías

Cantar bajito para que te duermas

Cantar contigo para que bailemos

Improvisar un baile para que me mires

Que nos contemos un cuento

Aprender tus juegos, imitar tus gestos

Repetir lo que exclames

Que me lleves de la mano a donde quieras

Seguirte de cerca cuando exploras

Estar presente si te sorprendes

Admirar lo que me muestres

Aprenderte cada momento

Darte mil besos mientras lloras, y mientras ríes

Decirte que sí a todo,

para que te digas que sí a ti mismo.

Hacer torres para que las derrumbes

Darte el coche que se te ha caído

Llevarte en mi cadera para que riegues el baobab

Alzarte para que abraces el tronco de un árbol

Bajarte para que huelas una flor

Comerme lo que te sobra del yogurt

Quitarle el hueso a las cerezas que quieras comer

Irnos de paseo con la ropa que me has manchado

Portearte, acariciarte desde dentro

Llorar si te duele, temblar si te asustas

Calmarte si sufres, salvarte… de mí

Que no me digan lo que hacen las madres

Que no te digan cómo debes crecer

Que no nos digan lo que es una familia

Que no digan nada, 

que yo lo que quiero es estar contigo.

Mai Cazorla

 


Antes de ser

 

Antes de ser, eras ya un impaciente anhelo.

Suave y lento, pero firme. Irrefrenable.

Poco a poco te convertiste en más urgente.

Vital. Imparable. Directo desde lo más profundo.

Cuando por fin fuiste, fuiste latido.

Tan veloz, tan vivo, tan presente.

Al llegar eras una luz de algodón, un olor a talco.

Un suave tacto de gasa.

Una gota de rocío, un dulce amor.

Poco a poco, te convertiste en risa, en alegría, en pura emoción.

Una canción de cuna.

Un cuento a media voz.

Todo pasión. Todo vida.

Tan alegría, tan felicidad, tan corazón.

Gracias por ser.

Elena Díaz

 


A mi hija del futuro

 

¡Hola hija! 

Si estás leyendo esta carta es porque ya te has hecho mayor y has aprendido a leer (entre  otras muchas cosas) y eso quiere decir que ya han pasado unos cuantos años, por lo que  me gustaría contarte nuestra historia. 

El otro día, fue el Día de la madre, mi primer Día de la madre. Recuerdo que estaba  como más eufórica de lo normal y con una energía diferente porque entre todos los  títulos, cursos, diplomas, medallas o trofeos que pueda tener, este título que tú me has  dado es único y el más especial de todos. Me has concedido el título de “Madre” y  podrás pensar que qué tiene de especial, pero tranquila, yo te lo cuento. 

A lo largo de los años y de las vivencias que vayas teniendo, te darás cuenta de que los  segundos, los minutos, las horas y en definitiva, la vida, pasa muy deprisa y que hay  momentos y épocas para cada cosa. Todo esto te lo cuento porque he intentado vivir y  disfrutar de cada momento que he tenido, pero es verdad que a veces, y más de lo que  quisiéramos, dejamos de hacer cosas porque no es el momento o las circunstancias no  son las mejores…, hasta que tú me pasaste por la cabeza. Esos días todo el tiempo  pensaba en ti y ni era el mejor momento ni tenía las mejores circunstancias, pero era mi  momento, nuestro momento. 

Y nuestro momento llegó, fue un poco largo y en ocasiones duro, pero yo siempre te  tenía presente en mi cabeza y poco a poco en mi corazón. Aunque también sabía que  había alguna posibilidad de que nunca nos hubiéramos conocido. Lo intenté hasta el  final, porque tenía muy claro que quería conocerte y quería que llegara nuestro  momento. El momento de mirarnos a los ojos como hicimos en nuestra primera cita (a  ciegas), ese fue nuestro primer momento, el momento en que nuestras pieles hicieron  contacto y nuestros corazones se rozaron por primera vez y para siempre. 

Se suele decir que la familia no se puede escoger, que es la que nos toca y por suerte o  por desgracia esta es tu familia. Una familia monoparental, aunque a estas alturas ya  sabrás lo que es porque ya te lo habré explicado. Pero no, tu familia, nuestra familia, era  mucho más porque no siempre las familias tienen que ser lo típicamente establecido o 

conocido por la sociedad. Nuestra familia es multiparental, porque no solamente  estábamos nosotras. En nuestro momento, también estaban los abuelos, el tito, tu  madrina, nuestros perros y demás familia y amigos y amigas que nos quieren. Ya me  contarás qué te parece la familia que te ha tocado. 

Y de nuestro momento, pasamos a tu momento. A veces pienso que no era el mejor  momento para ti, porque no era el mejor momento en general. Estábamos pasando una  pandemia, había guerras por varios lugares del planeta, el tiempo cada vez estaba más  loco y las personas también. 

Solo espero que estés disfrutando de cada oportunidad que se te presente y que la vida y  la sociedad en general te esté tratando bien. Me gustaría que hayas sido una buena niña  y que seas una gran mujer, pero por encima de todo que seas feliz y me conformaría con  que seas, un poco solamente, mejor persona que yo. 

Debes tener en cuenta que no todo será de color de rosa, también habrá días grises y  oscuros, habrá momentos malos, duros o feos, pero irás aprendiendo a sobrellevarlos.  Nunca dejes que nada ni nadie te diga que no puedes hacer algo o que no eres válida  para algo. Recuerda siempre que tú vales mucho y nunca debes olvidarlo. Lucha por tus  sueños y por todas las metas que te propongas. 

Nuestro momento es y ha sido maravilloso, porque diste luz a mi vida y me quitaste  muchas horas de sueño también, todo hay que decirlo, pero pasaría una y otra vez  durmiendo esos pocos ratos para seguir teniendo nuestro momento. Es verdad que como  dicen, es difícil explicarlo con palabras, porque es un sentimiento tan puro que  solamente se puede sentir en ese momento, al ser madre. Gracias por darme ese título. 

Ahora es tu momento, sigue aprendiendo, leyendo, jugando, disfrutando, llorando,  amando, riendo, viajando, conociendo, explorando, viviendo… En definitiva, sigue  caminando. Atentamente, tu madre que te quiso, te quiere y te querrá.

Laura Cascales

 


Ya soy tu madre

(CARTA A ZOË)

 

Ya soy tu madre y no estás.

Te deseo desde hace tiempo.

Te sueño pequeña y dulce.

Con mis ojos, pero con tu propia mirada.

Mi mundo no serás tú, construiremos un universo juntas,

donde crecer, reír, llorar, jugar y siempre aprender.

Haremos de todo, mucho y con pasión.

Nuestro mundo permanecerá abierto al otro,

construiremos un hogar de corazón caliente 

y siempre extenderemos nuestras manos a la vida, a la gente.

Te sueño.

Te imagino.

Y te quiero ya.

 

Tu madre

Chris Cahill

 


Nueva Vida

 

Tú me hiciste crecer en valentía

cuando pinté tu estrella en mi cielo, 

y llenaste mi vida de alegría

y colmaste de dicha mis anhelos. 

 

Imaginé la flor que me crecía

en mi jardín de nueva primavera. 

Y al brotar renació mi fantasía

con la luz de tu risa, tras la espera. 

 

Sigue siempre alumbrando mi vida, 

dando sentido al mundo que he forjado. 

Sigo escribiendo poemas cada día, 

en esta primavera amanecida, 

cubriendo de ilusión la celosía

de un mañana, mi amor, esperanzado. 

Elena Valero

 


Carta

¡Estoy Feliz!

Por fin me he decidido a escribir. Han sido unos meses muy duros. Muchas ya conocéis que mis últimas experiencias no han sido buenas, y el legrado del pasado enero me dejó KO totalmente. Todavía se me saltan las lágrimas cuando recuerdo los momentos antes de dormirme con la anestesia para el legrado, lo hice llorando al darme cuenta que mi pensamiento alegre se había ido, que me había quedado sola, fue muy muy triste. Decidí dejarlo todo, dejar de entrar en los foros, de buscar cosas sobre abortos, incluso me salí del grupo de madres de Andalucía…. necesitaba desconectar para no entrar en una depresión y me propuse disfrutar de la vida, de los amigos y de mi familia, y cuidarme un poco físicamente, ponerme a dieta e intentar verme mejor y quererme más…. y bueno… lo conseguí, volví a la vida e incluso me planteé que, si no podía tener hijos, tampoco iba a ser una desgracia, ni una cruz.

Me dediqué a visitar médicos que me ayudaran con mi problema, y así lo hicieron. Quería ir a por todas en el siguiente intento, no quería dejar nada al azar.

Y llegó el día, el día de volver a intentarlo, pasé una betaespera tranquila, pues descansé el día de la transferencia y al día siguiente ya me puse a trabajar, era lo mejor, mantenerme ocupada, salir con las amigas, y mantener la confianza en que me quedaría embarazada. ¡Así fue! Había soñado lo emocionante que sería tener una beta de las buenas, de esas de seiscientos y pico como han tenido algunas amigas… ¡Cómo iba a imaginar que mi beta sería de 857! Lloré al saberlo incluso sabiendo que ya estaba embarazada, ya que el día anterior me había hecho un test de embarazo, pero ese número tan alto me decía que las cosas podrían ir bien de verdad esta vez.

No quise decir nada a nadie, solo a la familia y las amigas más íntimas. Me rodeé de los que más me querían por si las cosas salían mal ya que necesitaría todo el apoyo del mundo. Lo importante era pasar el peligro de las primeras semanas, todo por orden, primera ecografía para ver que el embarazo estaba en su sitio, ahí me confirmaron que era así y que además era uno (me puse dos embriones). Fue muy emocionante ya que, aunque no pude escucharlo, se vio el corazón latiendo, y eso que era solo un renacuajo.

Luego fueron llegando las demás ecos, cuando escuché el corazón por primera vez fue como música celestial, y así todo desde entonces. Ver a mi peque crecer poquito a poquito ha sido lo más emocionante que he vivido hasta ahora.

Ya estoy en la semana 13, todo va bien, los síntomas de embarazo son más leves y ya me encuentro mejor. El cribado del síndrome de down me ha dado un riesgo muy bajo. Por primera vez leo revistas de embarazo, libros sobre embarazo, pienso en las cositas que me harán falta, me compro ropita de premamá. Doy gracias a Dios y a la ciencia y le sigo pidiendo que me ayude a mí y a mi pequeño. Soy feliz.

Amigas, esta carta la escribí el 15 de agosto de 2015. Estaba feliz, pero aún no sabía que la vida me iba a poner a prueba de nuevo. Mi embarazo se convirtió en un embarazo de riesgo unos días más tarde tras escribir esta carta, y tuve que estar tres meses en absoluto reposo. Volvieron los miedos, pero fui fuerte, me cuidé al máximo, y Dios y la vida quisieron concederme la felicidad de ser madre.

Soy absolutamente FELIZ.

 


Nuestra historia

 

En muchas ocasiones me han dicho “qué valiente eres”, “eres una madre valiente”.

¿Yo? ¿valiente? no, no lo creo. Soy madre, sí, pero no valiente. Es más, creo que todo lo contrario, soy cobarde, muy cobarde y estoy llena de miedos.

Desde muy pequeña he sabido que quería ser madre, creo que es lo único que siempre he tenido claro.

Aún recuerdo cuando tenía unos catorce años, me dijo mi neuróloga que no fuese madre. Así, sin más. Eso me dijo; que no lo fuese, que tenía un 50% de posibilidades de que tuvieses mi enfermedad y que no todo el mundo con mi enfermedad estaba tan bien. Y es más, ya sabía que el estar bien podía cambiar en cualquier momento. Yo recuerdo que pensé, ¿y el otro 50%?

(Bueno para quien no lo sepa, tengo NF1)

Desde entonces, empecé a buscar y a informarme y descubrí que existía la posibilidad de tener un bebé sin mi enfermedad, con dgp. Pero todo esto lo dejé apartado.

Cuando ya pasé a neurología de adultos, me dijeron que si quería ser madre, les avisase, que me ayudarían en el proceso. Menudo cambio y qué alegría.

Fueron pasando los años y con 27 años le dije a mi médica que quería ser madre, aquí vino un golpe.

Me dijo que no me podía derivar, que mi caso era muy caro, que no le dejaban, y que no me aconsejaba DGP, porque al estimular mi organismo, yo estaría en riesgo, que fuese a OVO, pero que toda prueba que necesitase me la pediría.

Bueno… pues empezamos a buscar a fondo información, relatos de personas, clínicas, pruebas que pedían, fue entonces cuando conocí la existencia de DOE ( Donación de embriones).

Y lo tuve claro, esto sería lo que yo hiciese. Por muchas razones.

Al siguiente año, cuando fui a mi neuróloga le pedí todas las pruebas, las solicitó sin decir nada. Fue muy amable y donde esté, le estoy agradecida.

Y bueno, mirando clínicas y mi economía, decidí llamar a una y en esta me dijeron que no me podían atender por las mañanas, solo por las tardes, y como yo trabajo por las tardes… Pues la descarté. Llamé a otra y por teléfono, me gustó un montón. Pedí cita con la directora, ya que había leído mucho sobre ella, y me dijo que no trabaja los viernes por la mañana, pero que sí me atendía. Entonces le dije que daba igual, que me atendiese otra persona, pero me dijo que no, que me atendería ella.

Esto fue un 26 de abril, son fechas que no se olvidan. Como ya llevaba todas las pruebas, todo clarísimo, que iría a DOE y tenía claro que quería empezar… (tengo que decir que vía email pregunte precios a todas las clínicas “cerquita”, menos en una que fui personalmente pero no quiero hablar de ello, me pareció un saca dineros) Me dijo que empezaríamos con la siguiente regla. Y, ¿sabéis qué? Pues que me bajó ese mismo lunes, día 29 de abril.

Y de aquí ya fue a pasos agigantados. Recuerdo uno de los controles, cuando me dijo “ tengo un embrioncito preseleccionado”. Qué emocionante. El día 17 de mayo me hicieron la transferencia de mi gran tesoro.

Se quedó conmigo, se agarró fuerte, no quisó soltarse.

Fue todo muy rápido, pero para quien dice que estas cosas no pasan… yo en unos 20 días estaba embarazada e increíblemente agradecida.

Todo pasa por algo, aunque en el momento no sepamos el porqué. Yo ahora sé por qué nací con esta enfermedad.

Pues porque tenía que encontrarte a ti, mi pequeña gran genio.

 Y así es como llegó el amor de mi vida, pero pasé por muchos miedos antes, bueno y sigo pasando. Mi gran apoyo, que fue mi familia, me apoyaron siempre. Es cierto que mi madre al principio tenía miedo y no quería que lo hiciese. Pero no le hice caso y ahora tanto mi madre como mi hija están encantadas.

Yo siempre digo que mi hija es mía y de mi madre, sin ella no hubiese sido capaz.

La necesitaba, la necesito.

Yo fui siempre a la clínica sola, quería ir sola, sentía que tenía que ser así. 

Menos a la trasferencia, aquí entró mi madre, y recuerdo que me dijo: “ahora es cuando digo que no te quedas embarazada”, “esto es imposible”… La mujer se pensaba que me iban a poner un hueso de oliva, de tamaño, dicho por ella, jeje).

Pero sí, me quedé embarazada, demostrando así, que a veces, y sólo a veces, lo imposible se hace posible.

Y Miedo, siempre hay miedo, que si le dirán algo sus compañeros, que si ella querrá tener “padre”, que si se pone malita, que si me pongo yo malita…

Yo creo que una vez deseas ser madre, el miedo te da la mano, y ya no te suelta nunca, y seas valiente o cobarde tienes que caminar siempre hacia delante.

Laura Martínez

 


Poema

 

Compromiso propio y responsabilidad. 

Paciencia, dedicación, entrega y transformación, nacen de lo más profundo de nuestro corazón. 

Monoparental, Monoparental, 

¿qué término he de usar? 

Si llegada la noche al acostar, suspiro, abatida, un día más. 

Sin pareja soportamos  tratamientos, precios, gestación y parto. 

Malabares laborales, rechazo profesional y escasa integración social, que recaen con mayor peso, la necesidad asistencial. 

Se hace camino al andar, aún habiendo recorrido décadas ya… 

Gracias a la vida doy, por mi latir y mi motor, amado hijo/a quien sola/o crio yo. 

Rocío Alonso

 


  

Carta para Lara

 

Mi niña, ya me han dicho que lo eres, he temblado de emoción, también de responsabilidad. Por eso quiero escribirte, mi niña, PREPARÁNDOTE PARA VIVIR FUERA DE MI ÚTERO.

LARA, está siendo maravilloso tenerte dentro, crece lo más bonito en mi interior, latiendo dos corazones dentro al compás. ¡Nunca una víscera hizo tan bien su trabajo!  ¡Es precioso albergarte en mis entrañas! Pero pequeñaja, en breve tienes que salir, crecer y conocer el mundo. Quiero prepararte para vivir fuera de este espacio acuoso mío, donde flotas, para que seas igual de feliz y libre fuera.

Cuando abras los ojos, mis ojos estarán atentos a ti y daré mil gracias a la Ciencia por ayudarme  a que estés en mi vida.

Ahora ya, mi ranita, cigoñina, cogollita,  pasarás a ser bebé y flotarás en mis brazos, y de mis brazos a otros brazos, que ya  entrenan calidez para acogerte. Es la piscina emocional que hace tiempo preparaba para ti.

No llores, no temas, la vida te espera para compartir  juegos,  mares, estrellas y firmamento.

No gimas, tienes una familia que te desea y te quiere. Estarás protegida, estarás segura.

No sufras por el aire que respiras, tu madre luchará para que el medio ambiente, los bosques, los ríos, las moléculas de oxígeno puedan estar limpias para ti.

Lara, vive con bondad y defiéndete con el deporte, la naturaleza y la creatividad. Detesta la envidia, lo tienes todo, tú lo eres todo, no te hace falta criticar, juzgar ni  tener tantas cosas, son material.

Vive con la elegancia de ser libre y digna de respeto, y no olvides  que toda las personas lo son,  respeta igualmente.

Lara, serás una mujer especial, todos los seres humanos lo son, cada persona es única. Tus orígenes son distintos pero tu naturaleza no,  tienes los mismos derechos que todas las personas, aunque sean de distinto género, raza, religión o estatus social. Eres fruto del amor, del amor que tengo a la vida y del amor a mí misma, amor propio. También del cariño que tu abuela y tus tías me han tenido siempre y del apoyo 100% de mis  amigas en esta aventura de la vida.

Tu misión, mi amor, es ser feliz, como toda criatura inteligente busca serlo. La inteligencia radica en vivir lo más contenta posible con los recursos que tienes, lo que te ha tocado vivir aceptarlo, luchando  por un mundo mejor. Trabaja con vocación y ten muchos amigos, serán tu patrimonio personal.

La música será tu soniquete, los animales tu compañía, tu familia la armonía.

Lara, cuando llegues, todo estará aquí para que lo disfrutes ¡cuídalo!. 

Lara, bienvenida a casa, a esta familia, a este pueblo,  a este mundo.

LARA, MUJER VALIENTE, eres hoy una certeza preciosa que ha querido acompañar mi destino, mi empeño feminista  DE MUJER VALIENTE,  hace ya 8 años. Deseo  que  no olvides nunca la frase que me llevó hacia a ti: 

“DEL MIEDO NACEN LOS CORAJES Y DE LAS DUDAS LAS CERTEZAS”

Te quiero, te adoro y te enveneno de Amor.                                                         

Tu madre

Maritina

 

 

Micropoema

 

Madre sola, 

curiosa expresión… 

porque nunca más lo estaré.

 

Eva Blanco Gabás

 


Lo Imposible Sólo Tarda Un Poco Más

 

Mi mamá es un poco diferente de las otras mamás, usa zapatones grandes, camina con ayuda de dos bastones y tiene  una moto con la que vamos a todas partes los dos juntos. 

Mamá es una mujer valiente, capaz de hacer muchas cosas: con su coche ha recorrido España de norte a sur y de este a oeste; tiene una súper bici que impulsa con sus manos, le gusta esquiar, viajar e incluso una vez se lanzó en paracaídas.

Sin duda lo que más le gusta a Mamá, aparte de ser mamá, es nadar. Entrena duro para ir cada día más rápido. Ha conseguido muchas medallas ¡incluso, me enseñó a nadar cuando tenía dos años!

Un día Mamá decidió que ya era hora de hacerle caso al bichito de luz con el que llevaba tiempo soñando: cada noche se metía en sus sueños e insistentemente le decía, “Quiero ser un bebé, quiero ser un bebé”…

Mamá llevaba mucho tiempo queriendo a ese bebé. Había planificado con todo detalle cómo sería cuidar a un bebé. Ese día supo que era el momento de que el bebé, que vivía en su corazón y en sus pensamientos, se hiciera realidad, estaba a punto de comenzar la gran aventura de su vida: formaría una familia.

Entusiasmada, acudió a la consulta de su doctora y le preguntó si podría tener un bebé ella sola. La doctora dijo: “Por supuesto”, y le contó que había muchas mujeres valientes como ella, que decidían tener hijos sin tener pareja. Le habló de los señores donantes, ellos donaban sus semillitas para que las mujeres como ella pudieran ser mamás. 

Primero había que unir un óvulo con  un espermatozoide, para conseguir un embrión, y ese embrión lo pondrían en la barriga de mamá dónde si se encontraba a gusto crecería hasta convertirse en un bebé. “Es un proceso largo y complicado, habrá que tener mucha paciencia”, explicó la doctora.

“¿Cuándo empezamos?”,  dijo Mamá emocionada. 

Al poco tiempo empezaron los tratamientos, pero al principio la cosa no fue demasiado bien. Mamá estaba muy triste, tenía miedo de no poder conseguir su sueño. Aun así, estaba completamente decidida y no se dio por vencida. Mi mamá siempre dice que el secreto para conseguir las cosas es intentarlo una y otra vez hasta que salgan. 

Un día habló con una buena amiga, que le contó que conocía otro sitio donde podrían ayudarla. Estaba en Sevilla y eso complicaba las cosas, pero Mamá  no lo dudó ni un solo instante. Iría al fin del mundo si era necesario para tener a su bebé. En Sevilla el médico le dijo que debían hacerle varias pruebas para ver dónde estaba el problema y así poder solucionarlo. 

Fueron unos meses intensos, llenos de viajes, pruebas y nervios, Mamá estaba impaciente por saber qué  ocurriría, pero esperó a que los médicos hicieran su trabajo. Pasado un tiempo, que a Mamá se le hizo eterno, le dijeron que habían solucionado el problema. ¡Era el momento de intentarlo de nuevo!

Entonces fue cuando me pusieron dentro de la barrigota de Mamá. Yo aún era tan sólo un embrión, una célula muy pequeñita, tan pequeña que había que usar el microscopio para verme. En cuanto estuve dentro de Mamá me sentí muy a gustito, tanto, que decidí quedarme. Empecé a crecer y crecer, pasaron muchas semanas durante las cuales me fui convirtiendo en un bebé capaz de respirar y vivir en el exterior. Los doctores dijeron que había llegado el momento de salir de la tripa de Mamá.

Ese día había mucho alboroto alrededor y desde la tripa escuché que algunas personas de afuera tenían miedo por lo que pudiera pasar, pero Mamá, que es muy valiente, estaba tranquila y deseando poder verme. Finalmente todo salió fenomenal. Fue maravilloso poder escuchar su voz desde el exterior,  poder tocarnos, olernos y sentir sus abrazos. 

Comenzó entonces el mayor desafío al que Mamá se había enfrentado jamás. Cuidar un bebé no es nada fácil pero mamá había pensado mucho cómo lo haría, lo tenía todo listo. Todo salió según lo previsto y he crecido en un hogar lleno de amor y sonrisas. 

Soy un niño feliz y me encanta nuestra familia. Me lo paso genial yendo a todos lados con mamá y estoy convencido de que en el futuro viviremos un montón de aventuras.

Carmen María García-Escribano

 


Camino a la positividad

 

Era el año 2007, aproximadamente, en una visita rutinaria al ginecólogo, me anunciaron que tenía pólipos endometriales en los ovarios.

En aquel momento tenía pareja, aunque al contarle la situación tampoco dio muchas señales de preocupación. No le culpo, era mi problema y la que tenía deseos de ser madre era yo. 

Un par de años más tarde en otra visita rutinaria el ginecólogo me aconsejó no aplazar más la maternidad, y teniendo claro que iba a ser madre soltera (totalmente elegido y decidido), no supe dar el paso. Era joven, supongo, estaba trabajando fuera de mi familia, de mi entorno, sola, sin apoyos, viviendo de alquiler… no sé, no me atreví. Ahora sé que es posible, pero supongo que entonces pensé que aún tenía años para decidirme. Así que me puse a estudiar más para mejorar mi posición laboral.

Por suerte, en 2013 me trasladaron a mi ciudad. La pena es que aún estaba estudiando, porque las ganas de ser mamá crecían cada vez más y más y más…. Terminé de estudiar en noviembre de 2016 y en marzo de 2017 estaba en la consulta de mi médico. Mi médico me miró, preparó el volante, me volvió a mirar, y me dio el volante al ginecólogo diciéndome: “No te van a derivar a Reproducción Asistida, lo sé porque les conozco, pero inténtalo, y si quieres y puedes, te aconsejo mirar en paralelo por privado”. Eso hice y eso sucedió, el ginecólogo directamente me dijo que si no había intentado ser madre antes no estaba probada mi infertilidad y que el hecho de ser madre sola no me permitía entrar en la Seguridad Social, pero supongo que me lo esperaba, porque ya había ido a la clínica y había emprendido el proceso en paralelo. Menos mal… porque entre pruebas y todo no pude hacer la primera inseminación hasta el 31 de diciembre de 2017, para acabar bien el año.

Cuando entras tan convencida en un proceso así, como en mi caso, no te importa que la gente lo conozca, así que había mucha gente a mi alrededor que lo sabía, muchísima. La gente en general daba por sentado que ya estaba embarazada, ¿Por qué? Porque entendían que no tenía problemas y tenía sólo 36 años. Y tú te lo crees.

Te lo crees porque es lo que más deseas, porque te agarras a un clavo ardiendo con tal de conseguirlo, pero no piensas en tu endometriosis (que sigue ahí) y, sobre todo, no tienes ni idea de la cantidad de cosas que nos pueden suceder, porque no te explican más allá, así que simplemente crees que quizás pueda ser cierto que estés embarazada.

Recuerdo esa llamada para darme el negativo como si fuera ayer: estaba en casa de un primo, me llamaron, me fui a otra habitación y volví, la mujer de mi primo me preguntó, le dije “nada, negativo”, y su tía que estaba por allí y que nadie le daba vela en ese entierro, me contestó “normal, es que a la primera es muy difícil” a lo que la mujer de mi primo dijo que ella había sido a la primera, y su tía respondió “pero es distinto, porque natural es más fácil, artificial cuesta más”. Prometo que tenía una rabia acumulada tremenda… pensé en “hombre, pues artificial es como si tuvieras un polvo y ya, natural espero que no sea de un polvo y ya… espero”. Pero me callé. Me callé porque al final eso no lleva a parte ninguna, y porque la ignorancia de la gente es tan osada que no sentía necesidad de decir nada. Me callé, me fui y aquí paz y después gloria.

En la siguiente inseminación me quedé embarazada de mi niña, sólo un círculo muy cercano lo supo al principio, la gente se fue enterando de poco a poco, y eso desencadenó en que gente me recriminara enterarse tarde, no haber estado al tanto de todo, etc., etc., por lo que supe que esa había sido mi mejor decisión, contarlo sólo en el círculo más cercano. Me hacía gracia que cuando lo contaba me decían “¿pero por qué no lo has contado, si es bueno”? y yo pensaba que bueno era, pero que fuera como fuera era mío, y yo decidía cuándo, cómo y a quién se lo contaría.

Tras mi niña vino una pequeña depresión post parto, una crianza maravillosa con todos los matices del mundo, y unas ganas cada vez más fuertes de volver a ser mamá.

Así, en enero de 2020 decidí pedir cita con mi ginecólogo, y me dieron en abril. Pero en marzo vino el COVID dichoso y todo se truncó. Cogí el COVID, y encerrada en casa sola con mi niña y mala, con la saturación de oxígeno por los suelos, mi deseo de volver a ser madre se multiplicaba por mil, era como que mi cuerpo me dijera que si era capaz de pasar eso sería capaz de cualquier cosa, no sé explicarlo, era un deseo y una fuerza bestial.

Por fin, en julio tuve mi cita con mi ginecólogo, y esta vez me encontraron un quiste más grande que mi ovario, los marcadores tumorales en sangre salían alterados y, por supuesto, se paró todo tratamiento hasta no saber la naturaleza de ese quiste. Tras muchas pruebas y visitas a distintos ginecólogos, a finales de año me confirmaron que era un endometrioma, como otros que había tenido, que no pasaba nada y que podía seguir con mis tratamientos. Y volví, primero con inseminación, porque pensaba yo que si había sido madre tres años antes, ¿Por qué no iba a funcionar ahora? Mi antimulleriana estaba perfecta, pero no funcionó, así que probé con FIV y tras un par de ciclos de FIV seguía sin funcionar. Y me decidí a ir a ovodonación, tras pasar mi duelo de pensar que hace 3 años era totalmente fértil y que ahora mis óvulos no servían, pero contenta porque estaba convencida que saldría bien.

El primer ciclo de OVO me anularon la transferencia, no hubo ningún blasto, nada que transferir. Me hundí, y decidí que no iba a gastar más esfuerzo y dinero en tener un 2º bebe, ya tenía a mi niña y eso era ya lo más maravilloso del mundo. La clínica tenía un compromiso de darme al menos 2 blastos así que ese fue el límite. 

Y entonces sucedió. Por fin esa beta positiva.

Y ahora no sé en qué punto de la ola estoy, si en lo más alto o si al surfearla me caeré y este embarazo será difícil, se trunque o que ocurrirá, pero pienso que esto es una carrera de fondo y que pase lo que pase tenemos que estar bien. Es el camino a la positividad.

 


¡Por fin tengo en mis brazos a mi angelito!

 

Las cosas importantes en la vida siempre son las más difíciles de conseguir, pero si deseas algo con fuerza y luchas con valentía sin perder la esperanza ni rendirte, puede que la vida te sonría y te conceda tu deseo…

¡Por fin tengo en mis brazos a mi angelito! Nunca antes en mi vida había deseado algo con tanta fuerza, y nunca antes me había costado tanto conseguirlo. Desde que tengo uso de razón me he planteado objetivos a corto, medio y largo término y siempre los he alcanzado sin demasiados problemas. Algunos han requerido más tiempo o más esfuerzo, pero antes o después siempre los he logrado exitosa y satisfactoriamente. Sacarme el título de bachiller, una diplomatura, dos títulos profesionales de música, la titulación superior en música en una especialidad nada común y de muy reciente creación, el máster, el doctorado, salir a ver el mundo y a conocer otras culturas, un coche, una casa…hasta que llegue a la cúspide de mis deseos, ¡ser madre!, y ahí el mundo se paró. Cuando ya me encontraba totalmente preparada, y después de tanto esfuerzo para conseguir un estilo de vida cómodo y óptimo para ser madre, y ahora no conseguía quedarme embarazada. 

Nunca había incluido en mis objetivos de vida buscar una pareja porque nunca he tenido esa necesidad, aunque tampoco lo descartaba si se me presentaba la persona ideal, pero siempre había tenido claro que llegado el momento deseaba ser madre. La ciencia de hoy en día hace milagros, y yo confiaba plenamente en que no me costaría mucho alcanzar mi deseo llegado el momento, pero no tengo más que decir que a mí no se me hizo corto el embarazo, puesto que mi niña me costó más que mi doctorado, y no es exageración. Pero ahora que Nora ya está conmigo no me arrepiento de nada, y volvería a pasar por lo mismo de nuevo una y mil veces si obtuviera la misma recompensa. El camino se hizo largo, y a veces pesado y angustioso, pero todo lo que anduve me aportó mucho. Fueron muchos los tratamientos, las inyecciones, las analíticas, las pruebas, las beta esperas, las PCRs, las esperas en las salas de espera, etc., pero si bien es cierto que mientras tanto alcance objetivos más pequeños que me ayudaron a conocerme mejor, descubrí hasta dónde soy capaz de llegar y lo que soy capaz de aguantar, me enteré de que tengo altas capacidades y aprendí a entender mejor mis propios pensamientos y comportamientos, y también a gestionar mejor mi estrés y mis emociones, y conseguí ser más sana de cuerpo y mente y a valorar más si cabe a mi pequeña.

Dos madres, dos padres, una madre, un padre, una madre y un padre, con hermanos, sin hermanos, con abuelos, sin abuelos, con mascotas, sin mascotas, no importa cómo sea tu familia ni cuántos miembros la integren, cuando deseas algo con tanta fuerza y por fin lo consigues sientes que ya no podrías vivir de otra manera y que todo tu mundo gira alrededor de tu familia. No hay nada mejor que ese sentimiento, y te podrías pasar horas enteras mirando esa dulce carita que gesticula graciosamente mientras duerme haciendo pequeños ruiditos con tanta calma y armonía. Así describiría yo el AMOR DE MADRE.

¡Feliz día de las familias!

Paloma Mora

 


Carta a Leo

 

Querido Leo:

Tienes casi siete años ya y todavía me sigue volando el tiempo mirando, embobada, tu preciosa carita. Cuando adviertes que te miro, tus ojos sonríen y se iluminan:

– Me quieres mucho, ¿verdad, Mami?

No imaginas cuánto… Cuando peleamos por quién quiere más a quién me divierte tu tesón, pero es tan imposible que me ganes, tan descabellado, que no puedo evitar reír ante tu empeño. ¡Aunque sé que me quieres, sí!

Te soñé tanto que ya sabía que te iba a querer mucho, hasta podía adivinar cuánto, lo que no imaginé es cuánto me querrías tú a mí, cuán adorada me iba a sentir, cuánto orgullo por tu parte hacia tu familia, hacia tu madre que, supongo que ya por poco tiempo, sigue aún siendo “la más fuerte, la más valiente, la más lista, la que más sabe.” ¡Cuánto lo echaré de menos cuando la vida me ponga en su sitio! Merecerán también la pena todos esos años que me quedan de retos, pataletas y lecciones vitales tan temidas como necesarias.

Por suerte, eres bueno, Leo. Impulsivo, charlatán, sabiondillo, curioso, quejica, ¡intenso! Pero intenso en todo, también en corazón.

Mi precioso niño intenso, espero que esa esencia tuya permanezca siempre: que siempre te importen los sentimientos ajenos y proteger el planeta, que sigas mirando las estrellas lleno de curiosidad y esperanza y bailando frente al espejo. Que la música te inunde el gesto, la injusticia te frunza el ceño, la vergüenza te sonroje, la tristeza te conmueva, la curiosidad te supere y un abrazo te consuele.

Mi amor, mi sueño, mi delirio: tú, siempre.

To the Sun and beyond,

Mommy.

 


Querida hija,

Hoy vengo a contarte cómo llegaste al mundo, al menos la parte que yo sé. Hay quien dice que vos elegiste tu lugar, tu familia, un día quizás me puedas contar sobre eso.

Creía que tenía que esperar a encontrar un papá. Un día, en una terraza en Sants, frente a un plato de comida sin terminar, sentí en el fondo de mí una verdad muy grande, que me dejaba la cabeza en blanco. Si escuchaba esta gran fuerza de vida, te tenía que tener sin esperar a nadie. Una mezcla de ilusión y miedo…. Todo lo que me pasó a partir de ese momento escribía el camino que se abría ante nosotras. Porque vos, en algún lugar, me debías de estar viendo; cómo charlaba con mi corazón, cómo sentaba a mis amigas madres y les preguntaba sobre sus experiencias, cómo encendía velitas y meditaba para apartar el barullo de las posibilidades y escuchar a LA VIDA. Me di cuenta de que todas las mamás, fuera cual fuera la forma que tomaba su familia, sentían esa mezcla de ilusión y miedo, y parece que de eso trata la maternidad. No éramos diferentes, éramos una familia llena de ilusión, con la oportunidad y el reto de elegir cada paso que dábamos, y lo hice (¿hicimos?) desde las entrañas y el calor del corazón. Y así fue cómo la vida, como un río que se abre paso, fluyendo sin pausa, acariciando las piedras, rodeándolas cuando hizo falta, se hizo presente. En dos lugares distintos, una Persona muy especial y yo (tu mamá) te CREAMOS, explosión de vida, multiplicación de células, llenas de mi y de él, fruto del amor a la vida. Gracias, gracias, gracias. Naciste en casa, en el campo, inmersas en el amor que llena nuestros días juntas. Te quiero, Violeta.

Y aquí te recuerdo unas palabras que te dije a tus 7 meses en tu fiesta de nacimiento donde nos acompañaron unas 15 personas queridas:

“Violeta, te doy la bienvenida, mi amor, a la tierra. Lo hago sabiendo que venís del cielo si se puede llamar así, con una energía hermosa, lo siento, lo veo en tus ojos. Y mi corazón se expande y hago todo lo que puedo para que aterrices suave, a compartir con todas las personas que te queremos. Te acojo en mi cuerpo, los dos corazones cerca, con tus sonrisas que emanan luz y con tus lágrimas y dolor. Acá estoy hijita, bebita hermosa, para acompañarte en tu vida. Solo me queda darte las gracias. Unas enormes e inmensas gracias por darme este lugar, es un honor Viole, solo me salen palabras inmensas, me honra estar a tu lado. Y sé que no sos mía, que sos un ser que llegó aquí con su camino que tengo el privilegio de poder acompañar. Estoy orgullosa de la familia que somos. Y ahora vamos a agradecer juntas todo este amor que recibimos desde que naciste, en forma de gestos de compras, de platos lavados, de leña en la puerta de nuestro hogar, de mujeres que venían y cuando se iban todo olía mejor, sábanas limpias, comida hecha, de super acompañamiento al parto y al postparto…Gracias , gracias a todas por mostrarme que no estamos SOLAS”                                                 

 Hoy tenés 20 meses, y me asaltan nuevos interrogantes, cómo contarte a vos y al mundo tu historia, nuestra historia. Que nuestra familia, somos vos y yo y todas las personas que nos quieren, como decía la niña en aquel cuento: “la familia somos tu y yo y muchas personas más!”. Que no falta nadie, que estamos felices y  que sí, que a veces estoy cansada y a veces me duele la espalda y a veces no tengo todo organizado. Y a veces, reaparece el miedo de la mano de la ilusión, ya se habían anunciado desde antes de que nacieras, ya no es nuevo. Hoy te quiero decir a vos, a mi y al mundo que NUESTRA FAMILIA ESTÁ COMPLETA, LLENA DE AMOR.  Y quién sabe si en el camino del río, del agua que tanto te gusta, se nos unirán más personitas, grandes o chiquitas, eso nunca se sabe!

A Violeta 2 de Mayo del 2022.

Tu mamá que te ama,

Flor

 


Mi deseo concedido por una estrella

 

Cuando eres pequeña ves muchas películas de Disney, te leen cuentos románticos con finales felices, la propia sociedad tiene estereotipado y te inculca que antes de los 30 debes tener una trabajo fijo, una casa y una familia. Cada vez sientes más la presión porque ves que se acerca la fecha tope y no vas a tener nada de eso. La experiencia de la vida y el ser observadora del matrimonio de mis padres con muchas discusiones por los problemas económicos, más privaciones como ver cómo otros niños se montan en los cacharos de la feria o no poder ir a excursiones del colegio o que se rían de ti por llevar ropa de segunda mano o del baratillo, no llevar desayuno porque estás sola en casa con tu hermano, que los reyes no encontraban nuestra casa junto con una crianza inestable ya que por enfermedades de ambos progenitores los hermanos crecimos separados y dando vueltas de casa en casa de diferentes familiares me hicieron más fuerte y empecinarme en tener una estabilidad fuerte económica, (que no da la felicidad completa pero si ayuda mucho) y tener muy claro que tenía que ser una hombre que me hiciera sentir bien y no me trajera problemas y que en caso de no encontrarlo lo mejor era hacerlo sola. No me suponía ninguna tristeza hacerlo así pero si me dolía lo que pensaran los demás de mi.

Aprobé oposiciones sin plaza en 2013 y 2015. Tras estas últimas cogí una gran depresión porque para mi era mi importante esa estabilidad para lanzarme a por mi sueño, ya tenia 33 años y ya me veía mayor. Lo tenia todo planificado y había estudiado mucho. Nada salió cómo esperaba y no entraba en mi cabeza tener que esperar dos años más sin saber lo que el destino pondría mi paciencia a prueba. Lo tenía muy claro y sentía que mi sueño se me escapaba. Finalmente, llegó mi momento en 2017 ¡A por ello!

En mi casa no había poca comunicación y no sabía como contárselo a mis padres que son chapados a la antigua. Un día, llevaba a mi madre hacia el hospital clínico en coche. Me empieza mi madre a contar que había ido a la piscina con una amiga suya del centro de adultos y que ha llevado a su nieta que era muy bonita y graciosa y que fue concebida por inseminación. Le contestó: “estupendo” y mi madre me suelta: “¿Y tú por que no lo haces?” Di un frenazo que casi nos matamos y rompí a llorar de la emoción. Llevaba días dándole vuelta a como decírselo y mucho miedo por mi padre. Sentía que no me iba a comprender y que la niña perfecta de sus ojos lo iba a decepcionar. Mi madre me dijo: “de tu padre me encargo yo”. Cuando llegamos del médico mi padre me pilló en la cocina a solas y me dijo: “siéntate ahí” -casi me muero- .Con su voz bruta de agricultor soltó: “Tú nunca te has metido en líos, lo has hecho todo con cabeza. Si eso es lo quieres, adelante-Mi opinión no tiene que importarte. Te voy a querer igual”.

Me meto en faena….Yo pensaba que iba a ser todo muy fácil ¡Ay, con la de métodos anticonceptivos que usaba para un polvo para nada! En la primera clínica que fui en Málaga me dijeron que tenía baja reserva ovárica que se confirmó más tarde por analítica y que lo iba a tener muy muy difícil para ser madre con mis óvulos y que me estimaban como 6 meses antes de agotarse. Fue horrible. No he llorado más en mi vida. Pensé que había llegado tarde.

Tras muchos días horribles y haber tocado fondo, busqué información sobre fertilidad y leí muchos libros y artículos. Encontré uno en especial que me hizo resurgir con energía era de un tal Charo que se había hecho mil tratamientos (tiene un blog, llamado” infertil y madre”) y decía que a veces los ginecólogos no deberían decir que “ya no puedes hacer ya nada” sino que “ellos ya no pueden hacer nada por ti”. Y un símil de una la olla que se me quedo grabado. ¿Dónde va a salir mejor un puchero en una olla sucia y rota o en una limpia y puesta a punto? Me puse a comer sano y perdí 20 kilos. Experimenté con mi cuerpo y tome ciertos suplementos. Me hice mi primer tratamiento, y para rizar más el rizo me empeñé en usar un donante elegido y por ello me fui a otro pais. Fue muy bonito el mirar los perfiles y elegirlo con mi madre. Obtengo 3 embriones de calidad A. Dos transferencias y ninguno agarró. Una en verano y otra en navidad. ¡Que mal se pasaba con las betas…!El tiempo corría….Ya eran las navidades de 2018. 

Cuando voy a empezar la primera estimulación en febrero de 2019 mi madre recae del cáncer y muere en junio. Necesito un tiempo para pasar mi duelo y no me veía con fuerzas para hacer un tratamiento e incluso me planteo dejar mi sueño de ser madre, me dolía mucho su ausencia y que mi futuro hijx no tuviera abuela. Ella,ya en sus ultimos momentos, conomiéndome me insistía en que “no lo dejara aunque ella se marchara”. El tiempo pasaba y no podía dejar de estar triste. Aun hoy lloro cuando la recuerdo porque yo era muy madrera y siempre estaba con ella. No fui capaz de tocar sus cosas hasta las navidades y tuver que hacerlo forzada porque nos mudábamos de casa. 

En un bolso de mi madre, había un bolsito pequeño con joyas, algo de dinero y una nota – mi madre era una cachonda-.Ponía:

 “1.Hija mía, ¿lo has hecho ya? gallina

2. Repártelo para mis futuras nietas ¿what? (vinieron dos niñas tras su muerte)

3. No dejes solo a tu padre y no te pelees con tu hermano”.

Decido ir por mi ultimo tratamiento. Estamos en marzo 2020 y tachán ¡LLega el covid y se para todo! Tengo que esperar hasta el verano. Hago dos estimulaciones, una en junio y otra en septiembre. Tengo que esperar a recuperarme y operarme para sacar unos miomas y limpiar del aborto el útero. Descubro por casualidad que tengo problemas de coagulación. No me lanzo con la fiv porque tenemos enredos administrativos por la herencia de mi madre y el caos con la mudanza que no pudimos completar por le confinamiento y quería dejar el piso listo antes de quedarme embarazada. Nos montamos en enero 2021 y decido planear la transferencia para febrero pero no estaban los resultado de la DGP de los 4 embriones y decido esperar. Finalmentente, la transferencia fue el 30 de marzo 2021. Fue todo muy mágico. Me perseguía el número 9. Mi madre creía mucho en la rencarnación y le ponía velas a mi abuela porque según ella la protegía y le concedía sus pedidos. Murió cuando ella tenia 19 y yo tampoco la conocí. Espero romper esa maldición y que mis nietos tenga la oportunidad de conocerme.

Yo sigo la misma tradición, le pongo velas a su urna que estará siempre conmigo como ella quería y le pudo cosas. Mi madre me decía que cuando ella no estuviera que mirara al cielo, que la estrella más grande sería ella y que me daría fuerzas. La noche antes  del transfer, miré al cielo y le dije mamá este será el ultimo tratamiento y si no es, será el momento de parar. El cielo estaba feo y empezó un tormentazo y llamadme loca pero un escalofrío recorrió mi cuerpo como si mi madre se hubiese puesto triste al escucharme. Mi milagro ocurrió con un embrión reguleras. Mi Ixeya, cuyo nombre significa en aragonés “deseo”, concedido por una estrella, después de  4 años de empezar toda esta aventura de raíces amargas y de frutos y dulces. Además, mi hija es un calco de mi madre físicamente y me quedan dos embriones que lo mismo en un futuro le traerán un hermanitx.

María José Sanchez

 


Carta a Andrea

 

Querida Andrea,

¿Cómo contarte lo que significas para mí? ¿Cómo explicarte qué es lo que me has traído?

Tenía tantas ganas de conocerte, tantas ganas de tenerte conmigo, de hacer cosas juntas, de enseñarte todo lo que pueda, de lo poco que sé… Tenía tantas ganas de que me enseñaras y me mostraras la vida vista desde tus ojos… que no tuve paciencia. No tuve paciencia, no quise esperar. Llevaba mucho tiempo pensándolo, con ganas de que nos conociéramos, de modo que busqué ayuda para poder llegar a ti. Por suerte para nosotras hay gente que nos ayuda y lugares donde poder acudir para ello.

He de decirte que el camino no siempre fue fácil. Como sabes (o dentro de un tiempo te contaré) todo se gesta en un momento histórico un tanto peculiar. Aunque la idea como te digo llevaba rondando la cabeza de tu madre mucho tiempo, cuando me decido a dar el paso y hacer por traerte a mi lado, en mitad del camino, en el mundo aparece una pandemia… Yo en ese momento estaba viviendo en otra ciudad, en ese pequeño apartamento que apenas conociste un mes, por lo que todo empezó allí. Pero a raíz de todo eso, a raíz de esas experiencias que todos vivimos y sacamos de la excepcional situación, cambié el modo de trabajar y, ahí, en ese momento, se sembró una semilla que jamás antes se había planteado en todo ese “plan” que estaba en mi cabeza cuando comencé el camino hacia ti. ¿Dónde mejor que en mi ciudad, donde me siento en casa? ¿Dónde mejor que cerca de los abuelos? A mí me ayudan mucho, como sabes (bastante diría yo), pero también es bonito ver cómo vas creciendo con su cariño. Ver cómo esa relación se hace fuerte, se crean esos vínculos que solo tú tendrás con ellos… Eso es lo bonito, eso es lo importante. Eso es lo que me hace tomar la decisión final. Pues nada, ¡Cambiemos el plan! 

Tu madre es una persona bastante “cuadriculada”, le gusta tener las cosillas atadas… Pero ahí estaba yo, con una pequeña Andrea de apenas 3 meses, con una mudanza y sin saber qué va a pasar con el trabajo ni dónde terminaríamos… Menos mal que los abuelos son como son y nos ayudaron bastante en este proceso. Así que dejé esa vida que tenía totalmente “planeada”, o los primeros años por lo menos, ya que tampoco se sabe cómo íbamos a estar. La maternidad era algo nuevo, y por mucho que te cuenten, hay que verse en situación para saber cómo nos encontraremos las implicadas. 

Y aquí seguimos. Ya tienes cumplidos los 10 meses, y aún nos queda mucho camino por recorrer, muchas experiencias, y seguro que muchos cambios más por vivir. Pero ya hay un nosotras, un entendimiento y un conocimiento la una de la otra que se está haciendo cada vez más fuerte. Vamos conociendo caras, expresiones, formas de cada una, necesidades… Todo eso que al inicio de nuestra relación hizo que estuviéramos tan perdidas y no supiéramos a veces cómo actuar. Nuestro camino ya se empezó a recorrer. 

Así que, resumidamente, sí, me has traído cambio, eso ya lo imaginábamos, pero un cambio que no sé ni explicar. Un cambio en la manera de ver el mundo, de entenderlo, de vivirlo, de sentirlo. Eres una alegría esperada, un empuje de energía, una revolución. 

Te quiero. MAMA

Gloria Toyos