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IMV: pesadilla antes de Navidad y una ley que no convence.

A vueltas con las familias monomarentales 

El pasado 24 de diciembre, entre las llamadas que recibe Cuarto Mundo, la asociación que integra Arranz, está la de una antigua usuaria, se trata de una madre con dos hijas, alarmada, porque ha recibido en su cuenta 65 euros. Mucho menos de la renta íntegra que venía cobrando, y en todo caso, muy lejos de lo necesario para vivir. La mujer, cabeza de familia monomarental, es una vieja conocida de Arranz. Pasó muchos meses reclamando a la Comunidad de Madrid una renta mínima que le negaban, las razones: le obligaban a justificar que el padre de las niñas no pasaba pensión interponiendo una demanda. La mujer tuve que atravesar un periplo burocrático entre recursos y denuncias, un largo pulso para que las administraciones reconozcan su derecho a la ayuda. Actualmente, está cobrando el IMV. Estos procesos burocráticos largos, estima Heranz, empujan a muchas mujeres a desistir.

“Se ha hecho mucha propaganda en el aspecto de las familias monomarentales, la propaganda es absolutamente mentira, porque a las familias se les va a pedir el mismo trámite burocrático”: demostrar que no se cobra pensión por alimentos mediante demanda, o pedir antes el anticipo por impago de pensiones alimenticias, una ayuda de Hacienda. Por otro lado, los anuncios respecto a que se iba a dejar de restar la pensión alimentaria del IMV que recibían estas familias, pues en muchos casos no se cobran, han supuesto, lamenta la activista de RMI tu derecho, una decepción para muchas familias: la pensión alimenticia se tendrá en cuenta para calcular el IMV que corresponde a los padres que la pasan, pero en el caso de las familias monoparentales, mayoritariamente encabezadas por mujeres, seguirán teniendo que demostrar que no la cobran. 

“Nosotras entendemos que cuando no hay responsabilidad compartida en los cuidados y manutención de los hijos e hijas, cuando hay un padre ausente —aunque esté en el libro de familia— evidentemente es una familia monomarental”, explica Carmen Flores de la Federación de Asociaciones de Madres Solteras (FAMS). Flores entiende que haya que documentar estas circunstancias, pero advierte que “la burocracia muchas veces limita y hace desistir a las madres de pedir una ayuda”, primero, porque no es fácil para muchas tener que solicitar una prestación cuando su objetivo es sacar adelante a la familia trabajando. “Pero si encima tienes que perder tu tiempo para conseguir una documentación tras otra, llega un momento en que las propias mujeres, sobre todo las que tengan menos tiempo, desisten de solicitar”. 

La FAMS es otra de las entidades que viene haciendo recomendaciones para mejorar el IMV, al considerar que no está llegando a todas las familias y en particular a aquellas más necesitadas. Además de las dificultades para acreditar la monomarentalidad, el diseño de la ayuda, que se concede en base a unidades de convivencia, y no unidades familiares, viene perjudicando a este colectivo. El caso es que muchas familias monomarentales no pueden permitirse una vivienda sin compartirla con otras unidades familiares, algo agravado por la crisis del covid. “Muchas ya carecían de recursos suficientes y tenían que compartir vivienda con los padres, o con otros familiares porque era insostenible la situación”. Al tomar el IMV la unidad de convivencia como referencia, se tenían en cuenta los ingresos de todos los familiares que compartiesen la vivienda, dificultando en muchos casos el acceso al IMV. 

“Creo que antes de poner en marcha una medida o anunciarla a bombo y platillo se deben de poner todos los mecanismos al alcance de toda la ciudadanía, para que sea accesible: tiene que ser con las garantías de que esta se va a poder tramitar porque estás lanzando unas expectativas en la población”

Con la nueva ley “cuando no existe consanguinidad sí es compatible que dos familias que viven en la  misma vivienda —si no tienen vínculo ni son pareja de hecho— puedan solicitar cada una un IMV. Siguen quedando desprotegidas todas aquellas familias que han tenido que volver con su familia de origen, con sus padres, incluso a cuidarles”. Desde la FAMS reivindican que se tome a la unidad familiar como referencia, pues, sostienen, la responsabilidad del cuidado es de las madres  y no de los abuelos u otros familiares, “si no hay un apoyo esas familias no van a poder salir nunca de esa situación siempre van a ser dependientes y nos parece que eso es injusto”. 

Flores critica así mismo que el acceso sigue siendo complicado, con un lenguaje difícil de entender, mientras que siguen prevaleciendo las solicitudes online, lo que supone una barrera para quienes no tienen acceso a dispositivos digitales, o tiene competencias limitadas en este sentido, una brecha digital que deja a gente afuera.  Mejoras como la introducción de las ayudas por hijo, algo que puede beneficiar a estas familias, quedan en el aire por no saber cómo poder optar a ellas. Mientras se espera que para las familias perceptoras del IMV esta ayuda sea automática, aún no han podido encontrar información sobre cómo pueden tramitarla el resto de las familias.  “Creo que antes de poner en marcha una medida o anunciarla a bombo y platillo se deben de poner todos los mecanismos al alcance de toda la ciudadanía, para que sea accesible: cuando lanzas una medida tiene que ser con las garantías de que esta se va a poder tramitar porque estás lanzando unas expectativas en la población”, considera Flores.

Desde la FAMS, admiten que las mejoras existen, aunque tienen menor alcance que el deseado, además, apunta Flores, “ muchas veces nos sentimos como que se nos utiliza para sacar medidas que luego después cuesta hacerse con ellas”. Medidas que, teme, no está claro a cuántas familias van a llegar. Un buen punto de partida para afinar estas medidas, considera, sería tener en cuenta a las entidades que trabajan o representan a los colectivos.

Artículo de Sarah Babiker vía El Salto Diario.