Carmen

Siempre digo que mi decisión de tener un hijo fue fulminante, pero nunca aclaro que en realidad la gesté durante años y años de negarme a mí misma esa posibilidad, con contundencia, con Carmendeterminación. Era un NO rotundo a tener un hijo sin pareja…

Y luego resultó que fue SÍ. Y ese sí, tan rotundo como el no anterior, me hizo buscar información y “apoyos emocionales”. Porque la seguridad en mi decisión no me quitaba los miedos y las pegas. Además de contar con la complicidad de mi ginecólogo, que me animó a hacerlo a pesar de mis temores, y con la de mi familia y amistades más íntimas, hice algo más de lo que me alegraré eternamente: hablar con una compañera de trabajo, sin pareja también, que el año anterior había hecho varios intentos de inseminación. En ese momento ella estaba aparcando el proyecto porque acababa de empezar una relación de pareja. Toda la conversación con mi compañera fue un apoyo muy importante en esos momentos, pero el mejor regalo que me hizo fue hablarme del foro de msn. Al principio no pensaba entrar porque me parecía superfluo y extraño que Internet me diera la clave de nada…. pero cuando al fin entré y conocí a las mujeres que volcaban en él sus inquietudes y sus experiencias (algunas ya mamás, la mayoría en trámites), me quedé irremisiblemente atrapada por ese lugar virtual.

 

No era posible que hubiera tantas mujeres en mi situación, con los mismos deseos, miedos y esperanzas que yo. Mujeres que me hablaban de que yo PODÍA ser madre, que había sido la mejor experiencia de su vida y que no había excusas para buscar mi sueño…

Recuerdo especialmente un hilo donde se hablaba de los miedos para tomar la decisión, y alguien que me respondió uno por uno a los que yo planteaba.

Pues bien, si tengo que resumir mi encuentro con el foro de msn diré: “Ya no hay soledad”. Desde que las conocí nunca más me sentí sola. Y mi primera quedada con ellas (el 1 de mayo de 2006) fue reveladora: en las fotos tengo la sonrisa puesta como un anuncio, feliz, satisfecha de haber encontrado a mujeres afines, hermanadas conmigo. Recuerdo el pelo rubio platino de Pilar y su acogida (cariñosa, entusiasta), recuerdo un bebé precioso de un mes y a su madre dándole el pecho (Rodrigo y Eva, que estaba guapísima con sus hormonas de posparto), recuerdo a todas y cada una de las que estuvimos en Rascafría: unas ya madres (Carmen P., Montse) otras en busca de ello (Sue, que iba por adopción, Lucía).

Por entonces yo empezaba mi primera FIV y, en contra de lo que cuentan muchas mujeres sobre los efectos de la estimulación, mi estado de ánimo era fantástico: estaba pletórica sólo porque al fin me había escuchado a mí misma y estaba trabajando para conseguir mi sueño…

Dos meses más tarde estaba embarazada. La frase “laten dos corazones” en la primera eco casi me tira de la camilla. Con eso no contaba. Toda la euforia del positivo se acababa de convertir en una pesada losa que amenazaba con destrozarme. No conocía a ninguna mamá sola de dos. Esto no me podía pasar a mí.

En medio de mi tristeza y de mi enorme susto conocí a Julia, con sus mellis de dos años que “la abrazaban el doble y la querían el doble”, como me dijo cuando nos conocimos. Luego vino Alison y después vinieron muchas más con embarazo gemelar.

Hubo mucha gente también a mi lado en esos momentos: apoyando, sosteniendo, resolviendo las dudas, allanando el camino…

Cuando ya por fin se me pasaron los terribles síntomas de las primeras semanas, empezamos a darle vueltas a la idea de asociarnos. Pero hizo falta un empujón más grande para dar el paso. Primero, una de las chicas escribió una Carmencarta dirigida a todas las diputadas del Congreso para darnos a conocer y solicitar lo que entonces pensábamos que serían nuestras reivindicaciones. Sólo nos contestó una diputada: Elvira Cortajarena, del PSE. Acudimos Pilar y yo, embarazadas de unos 5 meses a una entrevista en el Congreso. Ella fue la que nos dijo que, si no nos asociábamos, no éramos nadie. De modo que empezamos a organizar una quedada masiva de las chicas que más tiempo llevábamos en el foro.

Quedamos en vernos en diciembre en Miraflores de la Sierra (Madrid), con chicas que venían desde distintas Comunidades. Hablamos durante horas de si formar una asociación (no todas de acuerdo), qué fines tendría, quiénes estaban dispuestas a empezar en una Junta directiva y finalmente elegimos el nombre. No fue fácil, cuántas vueltas le dimos a todo. Pero mereció mucho la pena.

Éramos cuatro sólo las que nos habíamos comprometido a empezar una Junta Directiva: Rosa, Eva, Pilar y yo. Fue a Rosa a quien se le ocurrió proponerle entrar en la Junta a Nuria, que acababa de conocernos y que no había venido a Miraflores. Una idea genial. No podía empezar mejor el equipo. Cinco era un buen número: cuatro de ellas ya eran mis amigas, y la última en entrar me pareció un grandísimo fichaje. Nos reunimos en Navidad y empezamos a escribir los estatutos. A través de un foro privado las demás fueron opinando y dejando sus cambios. Finalmente, le dimos a Eva todos los papeles para que los entregara en el registro del Ministerio del Interior. Recuerdo un cocido en mi casa y mi tripa gorda yendo y viniendo a la cocina, al salón… Así comenzábamos la andadura, ¡comiendo!

Siempre he creído que la unión hace la fuerza. Sabía que la asociación me iba a atrapar el corazón y que, si todo marchaba bien, esto seguiría creciendo y creciendo. Porque había muchas mujeres aún desconocidas que, o bien ya habían dado el paso, o lo iban a dar en breve. Porque esto es imparable y somos muchas las que deseamos formar una familia aunque no tengamos una pareja al lado. Porque no queremos o no podemos esperar más. Y porque la vida (las circunstancias, la historia, los que nos quieren ver felices) nos lo ha hecho posible.

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